El extraño mapa que dice que América fue descubierta en 1494

1514 Cornelius Aurelius completo baja-res

Esto de aquí arriba es el primer mapa que se publicó en los Países Bajos, impreso en la ciudad de Leiden en 1514. Es un mapamundi pero a primera vista cuesta reconocer los contornos de los continentes, de lo distorsionados que aparecen. África y Arabia se muestran encogidas mientras que una enorme península Ibérica parece a tiro de piedra de unas islas que resultan ser las Antillas. La forma de las tierras americanas es probablemente la más extraña de cualquier mapa que haya visto. Aun más sorprendente, en la isla-continente rotulada América unas líneas de texto dicen que fue descubierta por los españoles en 1494.

A pesar de su aspecto desconcertante para el ojo actual, este mapamundi tuvo bastante éxito, ya que fue reeditado al menos tres veces en los años siguientes. Se conservan dos ejemplares fechados en 1514 y ambos se encuentran insertos en sendos ejemplares de la Crónica de Holanda, Zelanda y Frisia, una obra del humanista neerlandés Cornelius Aurelius. Por ello se cree que Aurelius debió ser también el autor del mapa.

Aurelius, como buen humanista, rellenó el mapa de texto casi por completo. En Europa se limitó generalmente a topónimos pero para las tierras más lejanas dejó constancia de las informaciones de que disponía. Muchos de estos textos, así como la disposición general de los continentes, debió tomarlos del mapa de Waldseemüller de 1507.

Mapa de Waldseemüller de 1507, el primero que nombró “América” al Nuevo Mundo. Imagen cortesía de Wikimedia Commons.

Aurelius llamó América al continente sudamericano, usando la palabra inventada por Waldseemüller siete años antes. Entre otros muchos detalles que delatan que Aurelius copió del mapa de Waldseemüller podemos citar que en las costas del Ártico escribió que “aquí hay osos blancos” (hic sunt ursi albi) con las mismas palabras que Waldseemüller; o que dibujó un papagayo muy parecido en Sudamérica.

Aurelius debía seguir de cerca los descubrimientos geográficos de portugueses y castellanos, ya que en varias regiones del mapa apuntó el año en que habían sido descubiertas así como la bandera portuguesa o castellana correspondiente. De hecho, estos datos constituyen uno de los aspectos más valiosos de la obra, ya que revelan cómo llegaba a los Países Bajos la información (o la desinformación) sobre los descubrimientos ibéricos.

1514 Cornelius Aurelius Taprobana anno 1507 y Aurea Chersonesus 1513
Costas índicas del sur de Asia en el mapa de Aurelius. Las dos banderas indican conquistas portuguesas recientes: Calicut y Malaca (“aurea chersonesus”). En esta última se indica la fecha correcta de su conquista, 1513. Llama la atención que la noticia de la toma de Malaca llegase tan rápido a los Países Bajos que pudiese ser incluida en un mapa de 1514.

En el extremo occidental del mapa aparecen las islas de Cuba (“Ysabella”) y Espagnola (“Spangnola”). Sus perfiles son casi irreconocibles. En ambas aparece indicada la fecha de su supuesto descubrimiento: 1497.

1514 Cornelius Aurelius Ijsabella frente a Gallicia
El texto dice “Isabela –es decir Cuba– descubierta para el rey de España año de 1497” (Ysabella inventa per regem hispanie anno 1497). La cifra 4 tiene una forma extraña para nosotros pero relativamente habitual en aquella época.
1514 Cornelius Aurelius Spangnola frente a Lisbona
Una leyenda similar cubre la isla Española. A la derecha de la isla, se diría que a poca distancia, se ve la ciudad de “lisbona” o sea Lisboa.

Esta sorprendente fecha de 1497, cinco años posterior a la fecha real de descubrimiento de 1492, es en realidad fácil de explicar. Proviene de la obra que Waldseemüller y sus compañeros publicaron en Saint-Dié, en la que ensalzaron los viajes de Amerigo Vespucci y le atribuyeron el descubrimiento de la tierra firme americana en 1497. Ya conté hace un tiempo que este error de Waldseemüller fue difundido por Petrus Apianus y lo repitió hasta Copérnico.

Volviendo al mapa de Aurelius, más al norte aparece también el año de 1497 en un territorio que solo puede identificarse al compararlo con su equivalente en el mapa de Waldseemüller. Es en efecto una mala copia de la Norteamérica de ese mapa, sin preocuparse de proyección cartográfica ni orientación. Lo delata sobre todo el topónimo “Parias”, situado más o menos en el mismo lugar en ambos mapas.

Por fin llegamos al continente sudamericano y al dato que me ha servido para titular esta entrada. En la tierra firme sudamericana, rotulada AMERICA por Aurelius, una leyenda dice “Toda esta provincia ha sido descubierta por mandato del rey de Castilla, España y Aragón en el año 1494” (Tota ista provincia inventa est per mandatum regis castelle hispanie et aragonie anno 1494). La fecha es sorprendente porque la cronología oficial nos dice que no fue hasta 1498 que Colón pisó por vez primera el continente americano.

1514 Cornelius Aurelius America
La isla-continente América en el mapa de Aurelius.

¿De dónde viene entonces esta fecha de 1494? El investigador holandés C.P. Burguer, que fue el primero en estudiar en detalle y publicar un facsímil del mapa de Aurelius, se limitó a decir que no tenía explicación para ella. Más recientemente, en la obra Columbian Iconography, se ha aventurado que se tratase de un error de imprenta (“perhaps a misprint?”).

Lo del error de imprenta es una opción siempre socorrida para quitarse de encima datos que no encajan con la teoría general. En este caso, sin embargo, me parece poco creíble. Aurelius fue muy cuidadoso con los textos de su mapa; de hecho, corrigió un par de errores gramaticales de frases copiadas del mapa de Waldseemüller. No creo que dejase pasar un error de bulto como este.

Sería más productivo preguntarse qué fuentes pudieron conducir a Aurelius a tomar como cierto el dato de 1494. Porque resulta que no ha sido el único en dar ese año por bueno. Hace pocas décadas, el investigador español Juan Manzano publicó un libro titulado muy explícitamente Cristóbal Colón descubrió América del Sur en 1494. ¿Sabía Aurelius algo que nosotros ahora ignoramos?

 

Bibliografía consultada:

  • C.P. Burger Jr (1912), Een hollandsche wereldkaart.
  • C.P. Burger Jr (1916), De oudste Hollandsche wereldkaart. [digitalizado en Delpher Boeken; todas las imágenes del mapa de Aurelius en esta entrada provienen del facsímil contenido en esa monografía]
  • Johannes Keuning (1952), “XVIth Century Cartography in the Netherlands: (Mainly in the Northern Provinces)”, Imago Mundi, Vol. 9, pp. 35-60+62-63
  • Maria Teresa di Palma (1992), “Plate D-XVIII” in Gianni Eugenio Viola (ed.), Columbian Iconography, pp. 464-465.

El planisferio de Pesaro, ese gran desconocido


En la pequeña ciudad italiana de Pésaro se conserva uno de los mapas más antiguos de América y a la vez uno de los menos conocidos. Se trata de un planisferio sin título, fecha ni firma que, a falta de otro nombre, suele llamarse “carta oliveriana de Pésaro” por la biblioteca Oliveriana en la que se conserva. Por la información contenida en el mapa, los estudiosos han deducido que debe ser posterior a 1504 y probablemente anterior a 1508. Ricardo Cerezo dijo que este mapa es como una versión actualizada del mapa de Juan de la Cosa de 1500. Es verdad que la forma de la isla de Cuba es muy parecida entre los dos mapas.

Imagen de baja resolución del planisferio, tomada del sitio web de la Biblioteca Oliveriana.

Sobre el autor, desconocido, se ha dicho que pudo ser Nuño García de Toreno o Visconte de Maggiolo, en base al estilo artístico de algunas ilustraciones. Los topónimos están en su mayoría en portugués, algunos en italiano y algunas leyendas en latín, así que ni siquiera podemos estar seguros del origen geográfico del autor material del mapa. La información geográfica contenida en el mapa apunta sin embargo a la autoría intelectual de Amerigo Vespucci, que pudo aunar los descubrimientos portugueses con los castellanos. La costa de Brasil en el mapa de Pésaro corresponde bien con la información comunicada por Vespucci. Además, este planisferio es uno de los dos primeros mapas en llamar “Mundus Novus” al continente sudamericano. La frase Mundus Novus había sido popularizada por una carta publicada en 1504 bajo el nombre de Vespucci pero probablemente apócrifa y que fue todo un best-seller en su época.

El planisferio de Pésaro es uno de los grandes desconocidos de la época de los Descubrimientos. Uno de los motivos es la dificultad para obtener imágenes del mismo. Por ejemplo, el investigador Frederick Pohl pidió una fotocopia del mapa antes de la Segunda Guerra Mundial pero solo recibió un calco en 1947, que publicó en la revista Imago Mundi en 1950. Hoy día apenas existen imágenes digitales del planisferio de Pésaro. La que abre esta entrada, que muestra la zona del Caribe, es desde ahora la imagen más detallada del mapa disponible en internet.

Fuentes consultadas, en orden cronológico:

  • Frederick J. Pohl (1950), “The Pesaro map, 1505”, Imago Mundi, 7:1, pp. 82-84
  • Margaret S. Dilke and A. Brancati (1979), “The New World in the Pesaro Map”, Imago Mundi, 31:1, pp. 78-83.
  • Maria Teresa di Palma (1992), “Plate D-IV” in Gianni Eugenio Viola (ed.), Columbian Iconography, pp. 432-433.
  • Oswald A. Dilke and Margaret S. Dilke (1993), “Ptolemy’s Geography and the New World”, in Jerry M. Williams and Robert Earl Lewis (ed.), Early Images of the Americas: Transfer and Invention, pp. 263-286.
  • Ricardo Cerezo Martínez (1994), La cartografía náutica española en los siglos XIV, XV y XVI, pp. 125-126.

Alessandro Zorzi’s sketch maps

En español más abajo

At the latest Map Afternoon of the Brussels Map Circle, I gave a talk on Alessandro Zorzi’s sketch maps. Readers of this blog may remember that I presented several of those maps in an entry last September. Now you will be able to see a more complete description of Zorzi’s work and maps, with high-resolution images from a recently published facsimile. Enjoy!

 

En el último Map Afternoon celebrado por el Brussels Map Circle, di una charla sobre los bosquejos cartográficos de Alexandro Zorzi. Los lectores de este blog quizás recuerden que presenté algunos de esos mapitas en una entrada publicada en septiembre pasado. Ahora podrán ver una descripción más completa de la obra y los mapas de Zorzi, con imágenes de alta resolución tomadas de un facsímil publicado recientemente. Que lo disfruten (eso sí, en inglés).

La revista Terrae Incognitae ahora con resúmenes en español

Terrae Incognitae es una de las principales revistas académicas dedicadas al tema de los descubrimientos geográficos y a la cartografía relacionada con ellos. La edita, en lengua inglesa, la Society for the History of Discoveries.

Hace años era posible enviar artículos para publicación a esta revista escritos en español o en francés. Por desgracia ahora ya no es el caso, al haberse reducido la diversidad lingüística del consejo editorial. Y sin embargo los artículos de esta revista tratan a menudo de exploradores españoles, de tierras hispanoamericanas o de mapas escritos en nuestro idioma. Por ello, hace unos meses le ofrecí a la editora de la revista el traducir al español los resúmenes de los artículos. Aceptaron, de modo que en el número que acaba de salir publicado se pueden leer los resúmenes en español (también en francés, gracias a la colaboración igualmente desinteresada de David Buisseret). Espero poder continuar esta tarea para facilitar el acceso de la comunidad hispanohablante a esta fuente de información sobre su propio pasado.

 

Artículos del volumen 49, número 1 (2017):

The Savant and the Engineer: Exploration Personnel in the Narbrough and Anson Voyage Accounts

El cuestionamiento reciente de la historia de las exploraciones incluye una reflexión sobre los términos “exploración” y “explorador.” Mientras que los estudiosos identifican al explorador como un fenómeno cultural del siglo XIX modelado en parte por el proceso de producción de libros y publicaciones periódicas, este artículo defiende que la discusión sobre quién estaba cualificado para enrolarse en expediciones de larga de distancia tiene unas raíces más antiguas. A través del estudio de dos relatos de viajes por los mares del sur se muestra cómo la publicación de relatos de viajes por el Pacífico cambió y dio lugar a dos tipos ideales de explorador.

Mapping the Middle Ground: Exploratory Surveying as Distributed Cognition

Los encuentros cartográficos, en los que el conocimiento geográfico poseído por los indígenas americanos fue traducido a formas que pudiesen ser comprendidas (o incomprendidas) por los euro-americanos, aportaron una contribución significativa a la exploración euro-americana de Norteamérica. El concepto de cognición distribuida ha sido usado para describir, por ejemplo, el pilotaje de embarcaciones o la operación del Telescopio Hubble. En este artículo se modela una campaña de exploración de las fuentes del río Mississippi realizada por David Thompson en 1798 como un caso efectivo de cognición distribuida que tradujo las representaciones internas de la geografía de la región a representaciones externas compatibles con la cartografía científica.

Charles Duncan, Cape Flattery, and the Strait of Juan de Fuca: A Voyage to the Waterway of Forgotten Dreams

En 1788 Charles Duncan confirmó la existencia del estrecho de Juan de Fuca y la noticia de este hecho fue publicado en 1790. Incluía la carta del estrecho y una extensa descripción basada en el testimonio oral indígena. Esta fue la primera vez que los europeos tuvieron información detallada sobre esta parte del mundo. Eran empresas comerciales, no expediciones oficiales, las que habían revelado estos secretos. Este artículo explora la aportación de Duncan y el conocimiento indígena que incorporó en su trabajo.

Mapping in Humboldt’s Shadow: Aaron Arrowsmith and the Cartography of Mexico, 1803–1825

Aunque Aaron Arrowsmith es considerado como uno de los principales cartógrafos de principios del siglo XIX, sus mapas de México han sido eclipsados por la obra Alexander von Humboldt. Arrowsmith produjo varios mapas de México. Uno publicado en 1803 y otro en 1810 en particular atrajeron el criticismo de Humboldt. Ambos mapas de Arrowsmith ejercieron una influencia considerable y se sitúan entre los mejores mapas de México disponibles en la primera parte del siglo XIX. El examen de estos mapas y de su relación con el de Humboldt revela mucho sobre las normas y métodos usados por los cartógrafos de principios del siglo XIX al compilar sus obras.

The Planisphere of Juan de la Cosa (1500): The First Padrón Real or the Last of Its Kind?

La carta dibujada por Juan de la Cosa en 1500 contiene una innovación importante que distingue a este planisferio de las otras cartas náuticas producidas durante esta época: el trazado del ecuador y el trópico de Cáncer. Esto es un signo de que pudieron incorporarse a la representación latitudes observadas astronómicamente. Para investigar dicha posibilidad en este artículo se presentan y discuten los resultados de un análisis cartométrico centrado en la representación de las costas de los océanos Atlántico e Índico, produciendo del análisis varias conclusiones importantes.

Les coordonnées géographiques de Paolo dell’Abbaco (commentaire à Gautier-Dalché, 2011)

J’ai eu le plaisir de lire récemment un article que le professeur Patrick Gautier-Dalché a publié en 2011 sur un manuscrit italien du XIVe siècle avec des coordonnées géographiques.[1] L’auteur du manuscrit était l’astrologue – astronome florentin Paolo dell’Abbaco, peu connu aujourd’hui en dépit d’avoir été à la pointe de son domaine à son époque.

Le manuscrit (BNCF, Magliabechiano XI, 121 ; datant d’environ 1352) contient un tableau avec les coordonnées géographiques d’une cinquantaine de villes de tout le monde connu par les européens du XIVe siècle, des côtes de l’Atlantique jusqu’aux confins de la Chine. Des listes semblables sont nombreuses dans les traités arabes et européens du Moyen Âge, car les coordonnées géographiques étaient nécessaires à des calculs astrologiques comme la prédiction d’éclipses ou les horoscopes.

Ce qui est particulièrement intéressant est que Dell’Abbaco dit avoir obtenu ses coordonnées en faisant des mesures sur un “mappamondo de Maiolica” c’est à dire sur une carte faite à Majorque ou dans le style des cartographes de cette île. La carte aurait pu ressembler à l’Atlas Catalan préservé à la BNF, qui est néanmoins postérieur au manuscrit de Dell’Abbaco. Le travail de Dell’Abbaco nous donne donc un aperçu sur une oeuvre cartographique aujourd’hui perdue et, de plus, nous renseigne sur l’utilisation qu’on faisait de ces cartes au XIVe siècle.

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Les cartes de l’Atlas Catalan de la BNF présentées côte à côte (source).

On lit souvent que les cartes “nautiques” médiévales, comme celles faites à Majorque, ne peuvent servir à mesurer des latitudes ou longitudes car leur processus de construction était complètement étranger à ces conceptions cartographiques. Peut-être. Mais ce qui est certain est que les utilisateurs desdites cartes ne se privaient pas de mesurer sur elles des latitudes et de longitudes, comme en attestent le manuscrit de Dall’Abbaco ainsi que quelques autres déjà étudiés par Gautier-Dalché.

Il y a quelques années j’ai analysé l’évolution de la longitude de la Méditerranée sur un corpus varié d’œuvres cartographiques, aussi bien des cartes comme des listes des coordonnées ou des globes. J’avais alors constaté que certains auteurs arabes médiévales  étaient parvenus à obtenir des coordonnées spectaculairement exactes (en latitude et en longitude) pour les villes du bassin méditerranéen. Ces valeurs coexistaient néanmoins avec d’autres moins exacts sur certaines cartes et traités astronomiques, sans qu’on sache si les lecteurs étaient capables de discerner les vraies valeurs.

J’ai calculé la longitude de la Méditerranée sur le tableau de Paolo dell’Abbaco et trouvé une exactitude correcte mais pas spectaculaire. L’erreur moyen est de 15% (alors que plusieurs auteurs arabes sont à moins de 5% d’erreur) et l’écart type est de 7%. L’exactitude de Dell’Abbaco est comparable à celle des coordonnées du Qanun de al-Biruni, du XIe siècle, ou à celles obtenues par Abu-l Fida au XIVe siècle apparemment en mesurant des distances sur une carte – la même procédure appliquée par notre florentin.

Enfin, un autre aspect fascinant du manuscrit de Dell’Abbaco est qu’il discute l’extension de la partie habitée ou “découverte” de la surface terrestre, qui pour lui va des “isole sperdute” dans l’océan Atlantique (30ºN, 8ºW par rapport à son méridien zéro) jusqu’aux “îles de l’Inde” à 18ºN et 115ºE. Au sud, la limite du monde habité ou connu est la latitude 16ºS, une donnée qui provient de la Géographie de Ptolémée, sans doute via des traducteurs et commentateurs.

Dell’Abbaco étudie la division du monde habité dressée par Ptolémée et ses commentateurs, avec une ligne nord-sud et une autre est-ouest ; et conclut que cette division est inexacte car la ligne est-ouest doit être un grand cercle et non pas un parallèle. Il s’engage alors dans des calculs trigonométriques pour finalement proposer une division plus exacte. Comme le professeur Gautier-Dalché décrit déjà cette façon de diviser le monde en détail dans son article, et qu’une image vaut mieux que mille mots, je vous laisse ci-dessous une représentation visuelle du schéma de Dell’Abbaco.

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Les lignes jaunes sont les trois grands cercles qui limitent le monde connu. La ligne blanche verticale au centre est le méridien qui divise le monde connu en deux moitiés ; elle se sotie à peu près à 36º à l’est de Greenwich. La ligne blanche horizontale est le grand cercle qui divise le monde connu en nord et sud ; elle coupe la ligne nord-sur près d’Antiochie. Ce grand cercle coupe l’équateur à deux points que les cosmographes médiévales appelaient le “vrai occident” et le “vrai orient” (pas visibles sur l’image).
  1. Gautier Dalché, Patrick. “‘Quando Vuoli Travare La Longitudine D’alchuna Citta Da Occidente, Guarda Nel Mappamondo Da Maiolica…’ La Mesure Des Coordonnees Geographiques Selon Paolo dell’Abbaco.” Micrologus XIX (2011): 151–204.

¿Un indicio de América en un mapamundi del siglo VIII?

El Vaticano ha digitalizado hace pocos meses uno de los mapas más valiosos de su colección. Es un mapamundi centrado en el Mediterráneo y orientado con el sur hacia arriba que fue realizado en el siglo VIII, más concretamente entre los años 762 y 777. Forma parte de un manuscrito en latín que trata sobre el calendario y que fue catalogado como Vat. lat. 6018.

En  el mapa, las tierras de Asia, Europa y África se distribuyen en el interior de un círculo cuyo centro queda cerca de Jerusalén pero no exactamente en dicha ciudad. En torno al círculo se extiende un océano continuo, coloreado de verde, en el cual se encuentran algunas islas.

Solo se conserva otro mapamundi comparable de la misma época, en Albi (Francia), pero su información  geográfica es mucho menos detallada que la del mapa en el Vaticano. Estas dos obras se consideran los “mapas no abstractos” (es decir, que van más allá del mero diagrama cosmográfico) más antiguos que han llegado hasta nosotros.

Mapamundi contenido en el manuscrito Vat.lat.6018. Imagen reconstruida a partir de las páginas digitalizadas en Digita Vaticana.
Mapamundi contenido en el manuscrito Vat.lat.6018, folios 63v y 64r. Para formar la imagen completa, he recortado y juntado las imágenes digitales de las dos páginas, disponibles en Digita Vaticana.

El mapamundi del Vaticano es curioso por muchos motivos pero el que me ha llamado la atención es sobre todo uno. Frente a las costas africanas del Atlántico, el autor del mapa dibujó una isla alargada y en ella escribió la leyenda “insola incognita ori…? IIII partes mundi”; es decir, “isla desconocida” y “cuatro partes del mundo”. La palabra intermedia que comienza por ori es difícil de descifrar y al parecer se han propuesto varias lecturas diferentes.

Insula incognita frente a la costa atlántica africana.
“Insula incognita ori… IIII partes mundi” frente a la costa atlántica africana.

Si se tratase de una “insula incognita” a secas, no merecería mucha atención porque podría atribuirse a la mera imaginación del autor del mapa. De hecho, el mapa muestra varias islas en el mismo océano, algunas reales y otras legendarias con nombres como “Gadir”, “Sargodes” o “Esperida”(?), que pueden verse en la imagen insertada más abajo.

Sin embargo, la leyenda de esta isla menciona una cuarte parte del mundo que me deja perplejo. Casi la misma frase en latín (“quarta pars mundi”) aparecerá, muchos siglos más tarde, en una de las cartas atribuidas a Amerigo Vespucci que relata un viaje de descubrimiento a las costas del actual Brasil. En parte debido a dicha frase se ha considerado que Vespucci fue uno de los primeros en identificar la naturaleza continental de las tierras recientemente descubiertas en las Indias y que hoy día se llaman América.

Intrigado, acudí a la bibliografía especializada para ver si alguien había discutido ya esta cuestión, y así es. El mapa del Vat. lat. 6018 fue mencionado por primera vez en 1872 y su primera reproducción impresa data de los años 1920. Al parecer causó sensación en la época y Richard Uhden le dedicó un artículo en 1936, a pesar de que no pudo consultar el original. Solo a finales de la década de los 1990 se publicaron dos estudios que permitieron situar mejor el mapa en su contexto:

  • Evelyn Edson (1999) Mapping Time and Space: How Medieval Mapmakers Viewed Their World, British Library. Páginas 61-62.
  • Leonid S. Chekin (1999) “Easter tables and the Pseudo‐Isidorean Vatican map”, Imago Mundi, 51:1, 13-23, DOI: 10.1080/03085699908592900

Leonid Chekin consiguió datar el manuscrito que contiene el mapa, y en su artículo incluyó el siguiente comentario sobre la misteriosa isla desconocida del océano Atlántico:

“A long thin island in the south-west has an intriguing but unclear legend. This starts with the words insola incognita, continues with controversial abbreviations ori (?) sunt (or sol ?), and ends with IIII partes mundi. Scholars have read and interpreted the legends differently, but the island is generally understood to represent a landmass south of the equator but still in the Old World hemisphere. A comparison of the Vatican map with yet another of the maps in Lambert of St Omer’s Liber Floridus— which presents an essentially similar Atlantic with, however, an attempt to indicate a western landmass on the far side of the globe—broadens the interpretation and allows us to suggest that the unknown island on the Vatican map may also stand for a western landmass.”

Traducción:

“Una isla alargada y delgada en el sudoeste tiene una leyenda intrigante pero poco clara. Esta empieza con las palabras insola incognita, continúa con unas abreviaturas controvertidas ori (?) sunt (o sol ?), y termina con IIII partes mundi. Los estudiosos han leído e interpretado estas leyendas de diferentes maneras, pero en general se entiende que la isla representa un continente [o gran isla] situado al sur del ecuador pero todavía en el mismo hemisferio que el Viejo Mundo. La comparación  del mapa vaticano  con otro de los mapas del Liber Floridus de Lambert de St Omer —que muestra un Atlántico esencialmente similar con, sin embargo, un intento de indicar un continente occidental al otro lado del globo—ensancha la interpretación y nos permite sugerir que la isla desconocida en el mapa del Vaticano pueda también significar un continente occidental.”

Tenemos pues un artículo relativamente reciente y publicado en la muy seria revista Imago Mundi, que sostiene que no solo el mapamundi del Vat.lat.6018 sino también algún otro mapa de la Alta Edad Media plantean la existencia de tierras desconocidas hacia occidente, al otro lado del Atlántico. No sabemos si es porque tenían algún indicio o solo era una especulación razonable. En cualquier caso da que pensar y al menos a mí me hace mirar la cartografía de esa época con otros ojos.

Hispania e islas en el océano Atlántico.
Hispania (abajo a la izquierda) e islas en el océano Atlántico.

Para más información sobre el mapa y el manuscrito que lo contiene, véase el blog MacroTypography de Jean-Baptiste Piggin.

Para un facsímil digital del mapamundi de Albi, siga este enlace y busque la página 116.

Merci beaucoup à Jean-Baptiste Piggin d’avoir fait connaître la numérisation de cette carte via son blog et son Twitter !

January 2017 issue of Maps in History

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The January 2017 issue of magazine Maps in History, published by the Brussels Map Circle, has been  mailed out. The PDF will be made freely available after 12 months at the magazine’s website.

The latest issue includes two research articles about the 18th-century detailed mapping of the Austrian Netherlands, a piece of land that roughly corresponds to today’s Belgium. The famous “Ferraris maps” of the 1770s has been the object of a PhD dissertation by Soetkin Vervusts, who has analyzed their production process and their geometric accuracy.  The much less known but earlier and equally fascinating “Villaret map” is presented by Georges Vande Winkel. A comparison of the two sets of maps reveals the dramatic change that the Belgian landscape went through in the roughly 30 years that separate the two cartographic surveys.

The table of contents follows below.

Exhibitions

  • When Italy drew the world – Cartographic treasures of the Italian Renaissance (Alex Smit)

Looks at books

  • Joan Binimelis, Vicenç Mut and the wall maps of Majorca (17th – 18th centuries) (Luis A. Robles Macías)
  • Universal Cosmography according to both ancient and modern navigators by Guillaume Le Testu (Chstiane de Craecker-Dussart)
  • Treasures from the Map Room (Nicholas Boothby)
  • Giovanni Antonio Rizzi Zannoni (Alex Smit)
  • Philippe Vandermaelen, Mercator de la jeune Belgique (Wulf Bodenstein)

History and Cartography

  • Studying the production process of the Ferraris Maps (1770s) and its implication for geometric accuracy (Soetkin Vervust)
  • The Villaret Map (Georges Vande Winkel)
  • Other Villaret Maps (Jean-Louis Renteux)

How I Got Into Cartography

  • Interview with David Raes (Nicola Boothby)

Plus short reports from several other exhibitions and conferences, calendar of upcoming events and much more…

Identificado participante en el segundo viaje de Colón

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Texto de la Real Cédula de 25 de abril de 1505 ordenando el pago del salario atrasado de Juan de Zafarraya a sus herederos. Archivo General de Indias, Indiferente, 428,L.1, folio 167r.

Isla Española, 29 de agosto de 1495. Un soldado castellano yace muerto. Los ojos de Juan  de Zafarraya, que así se llamaba el soldado, se han cerrado en el Trópico y ya nunca volverán a ver la Zamora de su infancia.

Hacía casi dos años que Zafarraya había partido de Cádiz junto a muchos otros hombres de armas y aventureros, en la gran armada de 17 naves capitaneada por el flamante Almirante de las Indias, don Cristóbal Colón. Acudían a un sueño de gloria y riquezas pero luego descubrirían a su pesar que en “las yslas de las Indias” había poco oro y mucha hambre y enfermedades. Zafarraya, que luchaba disparando una ballesta, debió participar en las batallas con las que los hermanos Colón sometieron a los jefes indígenas de la Española; probablemente en el gran combate de la Vega Real de marzo de 1495. La causa de su muerte, a finales del verano del mismo año, nos es desconocida. No debió dejar familiares cercanos ni acreedores porque nadie reclamó su sueldo en España.

Solo en 1505, diez años después de la muerte, la Corona ordenó que se localizase a los herederos de Zafarraya para abonarles el sueldo que se le debía al difunto, en concreto la cantidad de 11.171 maravedíes. Es gracias a esta Real Cédula de 25 de abril de 1505, conservada en el Archivo General de Indias [1], que conocemos la historia de Juan de Zafarraya y sabemos que participó en lo que hoy se denomina el “Segundo Viaje de Colón”.

Hasta ahora se conocían los nombres de 618 participantes en dicho segundo viaje, pacientemente recopilados por la investigadora Montserrat León [2]. De ellos, un 37% eran  hombres de armas y en particular 34 eran  ballesteros como Zafarraya. Ahora, gracias a la completa descripción realizada por el personal del Archivo de Indias de la cédula mencionada de 1505, conocemos el nombre del participante número 619. Se estima que quedan por identificar entre 600 y 900 personas; una menos a partir de hoy.

 

[1]: Signatura del documento: INDIFERENTE,418,L.1,F.167R. Descripción proporcionada por el Archivo: Real Cédula a Bartolomé de Zuluaga, tesorero de los descargos, ordenándole que pague a los herederos de Juan de Zafarraya, vecino de Zamora, o a quien tenga su poder hubiere, 11.171 maravedíes que se le deben de su sueldo, del tiempo que sirvió en las islas de las Indias como ballestero, desde el año de 1493 hasta el 29 de agosto de 1495, en que falleció; que se le pague en ducados contados y tome su carta de pago, con la cual y con esta Cédula, tomando razón de ella Juan López y el secretario Gaspar de Gricio, le será recibida y pasada en cuenta dicha cantidad.

[2]: Mª Montserrat León Guerrero, “Pasajeros del segundo viaje de Cristóbal Colón”, Revista de estudios colombinos, 3, 2007, pp.29-60. La lista de pasajeros se encuentra ya en la tesis doctoral de la autora, de 2000.

Surveyor and collector Jan de Graeve decorated by Belgian minister

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I am glad to announce that my friend Jan de Graeve received today the Belgian “Ordre de la Couronne” with rank of officer from the hands of Mr Didier Reynders, minister of Foreign Affairs. The ceremony took place at the Royal Library of Belgium, during the Brussels Map Circle’s annual conference.

Among the lifetime achievements for which Jan is being recognized, which include having been president or founder of several societies of surveyors, probably the one that took the most effort was the inscription by UNESCO of the Struve Geodetic Arc in the World Heritage List in 2005. This 19th-century chain of triangulations, which today spans the territory of 10 different states, enabled to measure the Earth’s size with unprecedented accuracy. The UNESCO highlighted that “the common language of science” was the foundation of the multi-national cooperation that Jan managed to put together. In today’s acceptance speech, Jan joked that the main foundation actually was vodka.

An avid collector, in particular of scientific instruments and of old books, Jan devotes most of his time nowadays to reconstructing the scientific library owned by Gerard Mercator, the famous Flemish instrument and map maker of the 16th century.

Certificate of inscription of the Struve Geodetic Arc on the UNESCO World Heritage List.

 

El mapa impreso más antiguo de la costa oeste de Norteamérica

Mapamundi de López de Gómara tal y como se pressenta en su libro Historia general de las Indias.
Mapamundi de López de Gómara tal y como se presenta en su libro Historia general de las Indias.

Un mapa español publicado en 1552 fue el primero en mostrar impresa la costa oeste de Norteamérica. Su exactitud ha llamado la atención de investigadores actuales y la posible aparición en él de las islas Aleutianas, cerca de Alaska, resulta particularmente intrigante.

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