El mapa de Magallanes ‘destruido’ en la SGM podría haber sobrevivido

Un planisferio, probablemente regalado por Fernando de Magallanes al rey Carlos I en 1519, se creía destruido en la Segunda Guerra Mundial junto al resto de los mapas de la Biblioteca del Ejército Bávaro en Múnich, pero el investigador Thomas Horst ha descubierto que la mayoría de esos mapas han sobrevivido hasta nuestros días.

El planisferio para Carlos I

En 1519, Fernando de Magallanes le entregó al rey Carlos I ‘un plano esferico’ realizado por los cartógrafos portugueses Pedro Reinel y su hijo Jorge en Sevilla por 12 ducados de oro. Así nos lo indican las cuentas de la Casa de la Contratación, ya que Magallanes pasó este regalo como gasto para que se lo reembolsase la Corona. También apunto como gasto una caja de cuero para contener el plano y dos compases dorados también dirigidos al monarca.

No consta la fecha exacta de cuándo entregó Magallanes su ‘regalo’ pero el historiador Juan Gil apunta que debió ser cuando la Corte se encontraba en Barcelona, a principios de año.[1]

Otra fuente que nos informa sobre este planisferio es una carta enviada desde Sevilla por un agente portugués a su rey Manuel I. En la misiva, fechada a 18 de julio de 1519, afirma que vio la ‘rrota’, o sea la ruta que planeaba seguir Magallanes, desde Sanlúcar hasta la ‘terra do Maluco’ y añade que dicha tierra la vio en la ‘poma e carta’ que había hecho en Sevilla el ‘filho de Reynell’, la cual no estaba acababa cuando fue allí a buscarle su padre, y acabó el trabajo.[2]

El Kunstmann IV

Copia del planisferio ‘Kunstmann IV’ en la Biblioteca Nacional de Francia. Pulse para acceder a imagen de alta resolución.

El planisferio de Carlos I desapareció de los fondos de la Corona pero en el siglo XX fue identificado con un mapa anónimo y sin fecha que pertenecía a una biblioteca bávara. A falta de título, este mapa fue apodado “Kunstmann IV” por ser la figura número 4 de un atlas editado en 1859 por el estudioso alemán Friedrich Kunstmann.

El mapa, trazado a mano sobre pergamino, medía 65 x 124 cm y conocemos su aspecto gracias a una copia manuscrita realizada en 1843 y que ahora se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia.[3] Está claro, por su rica decoración y por algunos detalles técnicos como la ausencia de escala, que este planisferio no fue hecho para navegar con él sino para contemplarlo en el salón de algún palacio.

Aunque no está firmado, la caligrafía y el estilo de algunas ilustraciones permite atribuirlo a los Reinel. La autoría portuguesa se nota también en los topónimos, que están mayoritariamente en esa lengua, si bien las leyendas principales están en latín, como si el mapa fuese dirigido a alguien que no hablaba portugués. Puede datar de 1519 porque muestra la península de Yucatán (descubierta en 1517) y el océano Pacífico en Centroamérica (‘mar visto pelos castelhanos’, descubierto por Balboa en 1513) pero no el estrecho de Magallanes ni las Filipinas. Las Molucas están situadas en el hemisferio castellano, no en el portugués, y las coordenadas de varias localidades coinciden con las de un informe redactado para la Corona por aquellas fechas, probablemente por el propio Magallanes.[4]

 

La Biblioteca del Ejército Bávaro

El original de este planisferio se conservaba en la Biblioteca del Ejército Bávaro (Königlich Bayerische Armeebibliothek), una gran institución que llegó a poseer unos 214.000 libros, 1.165 códices, más de 400.000 mapas impresos y unos 500 mapas manuscritos. Entre estos últimos se contaban, además del Kunstmann IV, otros tres ejemplares únicos de la cartografía ibérica de principios del siglo XVI.

Esta biblioteca estaba alojada en el Armeemuseum de Munich, un magnífico edificio neoclásico en el centro de Múnich donde hoy tiene su sede la Cancillería del Land de Baviera.

El ejército bávaro fue disuelto en 1919 y su Armeebibliothek fue incorporada a la Wehrmacht, las fuerzas armadas del Tercer Reich, en 1936.

Poco después estalló la Segunda Guerra Mundial. El edificio principal de la Armeebibliothek fue destruido por bombardeos aliados en el invierno de 1944-45. En 1953, una breve noticia anunciaba que parte de la colección de mapas de la Armeebibliothek había sido destruida en los bombardeos y que el resto se encontraba en paradero desconocido.[5] Desde entonces, esta colección cayó en el olvido de modo que hoy día es frecuente leer para cualquier mapa que perteneciese a la Armeebibliothek que “fue destruido en la Segunda Guerra Mundial”.

Antiguo edificio del Bayerische Armeemuseum de Múnich. Destruido en gran parte en 1945, hoy alberga la cancillería de Baviera. Imagen cortesía de Rufus46 vía Wikimedia Commons.

 

Siguiendo la pista

Así fue al menos hasta que entró en escena Thomas Horst, historiador alemán adscrito al CIUHCT de Lisboa. Horst ha estudiado qué ocurrió realmente con las colecciones de la Armeebibliothek y ha presentado sus hallazgos en dos ponencias, la primera en Oporto en noviembre de 2018 [6] y la segunda en Amsterdam en julio pasado.[7]

Horst explicó que los responsables de la Armeebibliothek tuvieron la prudencia de dispersar sus fondos en 14 depósitos situados en diferentes pueblos de Baviera durante la Segunda Guerra Mundial, alejándolas de los objetivos militares más obvios. Aunque el edificio de la biblioteca fue en efecto destruido en 1945, para entonces su colección ya no se encontraba allí.

A los pocos días de terminar la guerra con la rendición alemana el 8 de mayo de 1945, el bibliotecario jefe de la Armeebibliothek se personó en las ruinas del edificio y lanzó las tareas de reconstrucción y reconstitución, empezando a recorrer los depósitos dispersos por toda Baviera.

Sin embargo, en diciembre se llevó el primer disgusto: al llegar a Berchtesgaden descubrió que los soldados estadounidenses que estaban allí de guarnición, para calentarse en las frías noches bávaras, habían quemado algo más de mil manuscritos pertenecientes a la biblioteca.

En 1946 el ejército estadounidense, ya más consciente del valor de los fondos de la Armeebibliothek, requisó la mayor parte de ellos y los envió a Washington, a la Biblioteca del Congreso, donde sin embargo nadie les hizo mucho caso y quedaron almacenados en un sótano. En 1962, tras una reclamación diplomática formal, EEUU devolvió esta colección a la República Federal de Alemania pero entonces surgió una disputa entre el estado de Baviera y el gobierno federal para decidir quién se la quedaba.

Al principio se la quedó la Bundeswehr pero en 1984, tras varias maniobras políticas y administrativas, los libros y mapas pasaron al Land de Baviera. Se decidió que se haría cargo de ellos, como antaño, el Bayerisches Armeemuseum, solo que este ya no está en Munich como antes de la guerra sino en Ingolstadt, una ciudad más pequeña. Ahí han permanecido, prácticamente olvidados e ignorados hasta nuestros días, en particular los mapas.[8]

 

Thomas Horst iniciando su ponencia en la International Conference on the History of Cartography en Amsterdam el pasado julio.

Una pequeña parte de la colección de la Armeebibliothek escapó al ‘interés’ estadounidense y se quedó en Baviera. En los años 1960 fue almacenada en la Biblioteca Estatal (Bayerische Staatsbibliothek) pero nadie sabía muy bien qué contenía. Solo recientemente se ha terminado el trabajo de catalogación de este fondo, en el cual ha estado implicado Thomas Horst, y se han digitalizado algunos de sus mapas más importantes. Entre ellos no se encuentra, por desgracia, ninguno de los mapas ibéricos del siglo XVI.

Resumiendo, la situación actual es que la mayor parte de la colección de libros y mapas de la Biblioteca del Ejército Bávaro ha sobrevivido. Una pequeña parte de los mapas se encuentra bien catalogada en la Biblioteca Estatal mientras que la mayoría se amontona en la reserva de un museo de Ingolstadt. Otra parte, actualmente imposible de cuantificar, ha debido perderse por negligencia o robo. En su presentación, Horst mostró una serie de sellos ex libris correspondientes a la Armeebibliothek para advertir de que, si alguien los ve en un libro o mapa, sepa que se trata probablemente de un ejemplar robado a dicha biblioteca.

 

¿Entonces cuál es el problema?

Horst ha visitado la biblioteca del museo de Ingolstadt y le ha propuesto a su responsable que lance el proyecto de catalogar el tesoro cartográfico que alberga. Este, al parecer, ha hecho oídos sordos por no disponer de fondos para ello y por no tratarse de una de sus prioridades. Al parecer es un historiador que se interesa por otros temas pero los mapas no son lo suyo. Frustrado, Horst solo pudo hacer en su ponencia en Amsterdam una llamada a que alguna autoridad política desbloquee la situación.

Terminada la presentación, en la sesión de preguntas y respuestas, el experto portugués en cartas náuticas Joaquim Gaspar se levantó y tomó la palabra. Enfatizando la gran importancia de los cuatro mapas ibéricos de la Armeebibliothek para la historia de la cartografía, llamó a una acción diplomática por parte del gobierno de su país, Portugal, ante las autoridades bávaras. Otras voces propusieron la publicación de un manifiesto académico en el mismo sentido.

Ojalá estas líneas sirvan para que también el Gobierno de España tome nota de esta situación y aproveche la oportunidad de colaborar con los de Portugal, Baviera y Alemania en la recuperación de este patrimonio histórico único.

 

Luis A. Robles Macías

luis.a.robles.macias@gmail.com

@LRoblesMacias

Liberado bajo licencia CC-BY-SA


[1] Juan Gil, El exilio portugués en Sevilla: de los Braganza a Magallanes, Fundación Cajasol, 2009, página 265.

[2] “eu vy asentada na poma e carta, que ca fez o filho de Reynell, a qual nom era acabada quando caa seu pay veo por ele; e seu pay acabou tudo; e pos estas terras de Maluco”. Carta de Sebastiam Alvarez al rey Manuel I de Portugal, Sevilla, 18 de julio de 1519. Transcrita en Alguns documentos do Archivo Nacional da Torre do Tombo, Imprensa Nacional, 1892, páginas 431-435.

[3] Bibliothèque nationale de France, département Cartes et plans, CPL GE AA-564 (RES). Imagen de alta resolución en Gallica.

[4] Max Justo Guedes, “O Planisfério de Jorge Reinel (1519) e as Ideias Geográficas de Fernão de Magalhães”, Mare Liberum, 15, 1998, páginas 7-16. El documento atribuido a Magallanes es el AGI,PATRONATO,34,R.13 transcrito en la Colección general de documentos relativos a las Islas Filipinas existentes en el Archivo de Indias de Sevilla, tomo II, doc. 83.

[5] Norbert Fischer, “With Fire and Sword, III”, Imago Mundi, 10, 1, 1953, p.56.

[6] Thomas Horst, “The Rediscovery of nearly forgotten Iberian Map and Book Collections in Bavarian Libraries”, VIII Jornadas de la Asociación de Cartotecas Públicas Hispano-Portuguesas, Oporto, 15-16 de noviembre de 2018, publicado por la Revista Catalana de Geografia, XXIV, 59, febrero de 2019. http://www.rcg.cat/articles.php?id=485

[7] Thomas Horst, “Cartographic Cimelia destroyed ‘with Fire and Sword’? The Unwritten Story of the unique Map Collection of the former Bavarian Army Library”, 28th International Conference on the History of Cartography, Amsterdam, 14-19 de julio de 2019.

[8] El sitio web del Bayerisches Armeemuseum dedica una página a la biblioteca: http://www.armeemuseum.de/de/armeebibliothek.html

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