El primer mapa de la Luna con nombres

Mapa de la Luna. Michael van Langren. 1644 o 1645.
“Luna vel Lumina Austriaca Philippica”. Mapa manuscrito de la Luna realizado por Michael van Langren en 1644 o a principios de 1645.

Bruselas, 1644. Mientras ruge la terrible guerra que en el futuro llamarán de los Treinta Años, un cartógrafo se afana en terminar una acuarela muy especial. Es un mapa detallado de la Luna, para el cual ha estado observando nuestro satélite mediante rudimentarios telescopios y dibujado hasta 30 fases distintas.

El cartógrafo se llama Michael van Langren y el destinatario de su obra es el rey Felipe IV de España, que ha subvencionado su trabajo a pesar de la crítica situación económica que atraviesa la Corona.

Ya circulan otros mapas de la Luna pero este va a ser el primero que incluya una novedad: cada accidente geográfico del astro – mares, cráteres, etc – llevará un nombre propio.  En una esquina del mapa, Langren escribe (en francés, que era la lengua de la administración española de los Países Bajos) que cada “montaña e isla” llevará el nombre de un astrónomo o geógrafo célebre.

Michael van Langren. Explicación nombres en mapa de la Luna. 1644.
“Chasque montagne et Isle aura le nom de quelque personne de nomme en cet art et profession de toutes Nations, lesquelles il a besoing en Ses Observations Astronomiques et Geographiques.” Traducción: “Cada montaña e Isla tendrá el nombre de alguna persona de renombre en este arte y profesión de todas Naciones, las cuales es necesario (?) en Sus Observaciones Astronómicas y Geográficas.”

Sin embargo, los grandes “mares” y los principales cráteres Langren los ha reservado para la realeza. El mar más grande llevará el nombre del rey Felipe: Oceanus Philippicus. Otros mares conmemoran países de su imperio (Mare Belgicum) o aliados católicos como Austria o la Florencia de los Medici. Recibirán cráteres otros gobernantes y científicos, casi todos católicos por supuesto. Aunque España está en guerra con Francia, Langren le ha otorgado un cráter también al nuevo rey francés, Luis XIV, un crío de 6 años con el que parece posible firmar la paz.

En el borde derecho del disco lunar, Langren se ha reservado un espacio para sí mismo, o más bien dos: un cráter y todo un mar, cercano al golfo de Holanda, su país natal.

Detalle del mapa manuscrito de la Luna de Michael van Langren.
Detalle del hemisferio norte. Los principales accidentes celebran al rey Felipe, a la difunta gobernadora Isabel Eugenia, al actual gobernador Manuel de Moura y al catolicismo; también a Bélgica y a los astrónomos en general. En el borde inferior de la imagen se ve el cráter dedicado a Luis XIV de Francia.
Mare Langrenianum
Mar de Langren y cráter Langren, junto al “golfo holandés” (sinus Batavicus).

 

Langren consiguió terminar su mapa manuscrito y utilizarlo como base para otro más detallado que publicó en abril de 1645. De este impreso se conservan tan solo cuatro ejemplares.

Langrenus_map_of_the_Moon_1645
Mapa de la Luna publicado por Langren en 1645. Conserva casi todos los topónimos del mapa manuscrito y le añade muchos más. Imagen cortesía de Wikimedia Commons.

La propuesta de Langren de ponerle nombres a los accidentes geográficos lunares tuvo éxito pero no así los nombres concretos que eligió. Probablemente eran demasiado católicos, demasiado controvertidos para una Europa desgarrada por las guerras. Un astrónomo protestante, Hevelius, publicó poco después un mapa con nombres alternativos, basados en topónimos terrestres, que fueron usados en algunos países protestantes pero tampoco cuajaron. Al final la propuesta que tuvo éxito fue la de dos jesuitas, Riccioli y Grimaldi, que en un mapa publicado en 1651 consrevaron algunos de los nombres elegidos por Langren pero en general optaron por nombres políticamente neutros, por ejemplo “Mar de la Tranquilidad”. Son esos nombres los que usamos aun hoy día . Curiosamente el cráter que Langren bautizó con su propio nombre sigue llamándose así en la actualidad.

El mapa manuscrito de Langren fue archivado por la administración española de los Países Bajos, que luego pasó a ser austriaca, luego francesa, luego holandesa y luego  belga. Hoy día se conserva en los Archives de l’État en Bruselas, con la signatura Inv. série II, nº7911. Excepcionalmente, este verano se expone en el Palacio Real de Bruselas, en una exposición que está abierta hasta el 3 de septiembre próximo.

Bibliografía consultada

  • Peter van der Krogt y Ferjan Ormeling (2011). «Michiel Florent van Langren and Lunar Naming». Actes del XXIV Congrés Internacional d’ICOS sobre Ciències Onomàstiques, páginas 1851-1868.
  • Capítulo 3 de Ewen A. Whitaker (2003). Mapping and Naming the Moon: A History of Lunar Cartography and Nomenclature. Cambridge University Press.