El extraño mapa que dice que América fue descubierta en 1494

1514 Cornelius Aurelius completo baja-res

Esto de aquí arriba es el primer mapa que se publicó en los Países Bajos, impreso en la ciudad de Leiden en 1514. Es un mapamundi pero a primera vista cuesta reconocer los contornos de los continentes, de lo distorsionados que aparecen. África y Arabia se muestran encogidas mientras que una enorme península Ibérica parece a tiro de piedra de unas islas que resultan ser las Antillas. La forma de las tierras americanas es probablemente la más extraña de cualquier mapa que haya visto. Aun más sorprendente, en la isla-continente rotulada América unas líneas de texto dicen que fue descubierta por los españoles en 1494.

A pesar de su aspecto desconcertante para el ojo actual, este mapamundi tuvo bastante éxito, ya que fue reeditado al menos tres veces en los años siguientes. Se conservan dos ejemplares fechados en 1514 y ambos se encuentran insertos en sendos ejemplares de la Crónica de Holanda, Zelanda y Frisia, una obra del humanista neerlandés Cornelius Aurelius. Por ello se cree que Aurelius debió ser también el autor del mapa.

Aurelius, como buen humanista, rellenó el mapa de texto casi por completo. En Europa se limitó generalmente a topónimos pero para las tierras más lejanas dejó constancia de las informaciones de que disponía. Muchos de estos textos, así como la disposición general de los continentes, debió tomarlos del mapa de Waldseemüller de 1507.

Mapa de Waldseemüller de 1507, el primero que nombró “América” al Nuevo Mundo. Imagen cortesía de Wikimedia Commons.

Aurelius llamó América al continente sudamericano, usando la palabra inventada por Waldseemüller siete años antes. Entre otros muchos detalles que delatan que Aurelius copió del mapa de Waldseemüller podemos citar que en las costas del Ártico escribió que “aquí hay osos blancos” (hic sunt ursi albi) con las mismas palabras que Waldseemüller; o que dibujó un papagayo muy parecido en Sudamérica.

Aurelius debía seguir de cerca los descubrimientos geográficos de portugueses y castellanos, ya que en varias regiones del mapa apuntó el año en que habían sido descubiertas así como la bandera portuguesa o castellana correspondiente. De hecho, estos datos constituyen uno de los aspectos más valiosos de la obra, ya que revelan cómo llegaba a los Países Bajos la información (o la desinformación) sobre los descubrimientos ibéricos.

1514 Cornelius Aurelius Taprobana anno 1507 y Aurea Chersonesus 1513
Costas índicas del sur de Asia en el mapa de Aurelius. Las dos banderas indican conquistas portuguesas recientes: Calicut y Malaca (“aurea chersonesus”). En esta última se indica la fecha correcta de su conquista, 1513. Llama la atención que la noticia de la toma de Malaca llegase tan rápido a los Países Bajos que pudiese ser incluida en un mapa de 1514.

En el extremo occidental del mapa aparecen las islas de Cuba (“Ysabella”) y Espagnola (“Spangnola”). Sus perfiles son casi irreconocibles. En ambas aparece indicada la fecha de su supuesto descubrimiento: 1497.

1514 Cornelius Aurelius Ijsabella frente a Gallicia
El texto dice “Isabela –es decir Cuba– descubierta para el rey de España año de 1497” (Ysabella inventa per regem hispanie anno 1497). La cifra 4 tiene una forma extraña para nosotros pero relativamente habitual en aquella época.
1514 Cornelius Aurelius Spangnola frente a Lisbona
Una leyenda similar cubre la isla Española. A la derecha de la isla, se diría que a poca distancia, se ve la ciudad de “lisbona” o sea Lisboa.

Esta sorprendente fecha de 1497, cinco años posterior a la fecha real de descubrimiento de 1492, es en realidad fácil de explicar. Proviene de la obra que Waldseemüller y sus compañeros publicaron en Saint-Dié, en la que ensalzaron los viajes de Amerigo Vespucci y le atribuyeron el descubrimiento de la tierra firme americana en 1497. Ya conté hace un tiempo que este error de Waldseemüller fue difundido por Petrus Apianus y lo repitió hasta Copérnico.

Volviendo al mapa de Aurelius, más al norte aparece también el año de 1497 en un territorio que solo puede identificarse al compararlo con su equivalente en el mapa de Waldseemüller. Es en efecto una mala copia de la Norteamérica de ese mapa, sin preocuparse de proyección cartográfica ni orientación. Lo delata sobre todo el topónimo “Parias”, situado más o menos en el mismo lugar en ambos mapas.

Por fin llegamos al continente sudamericano y al dato que me ha servido para titular esta entrada. En la tierra firme sudamericana, rotulada AMERICA por Aurelius, una leyenda dice “Toda esta provincia ha sido descubierta por mandato del rey de Castilla, España y Aragón en el año 1494” (Tota ista provincia inventa est per mandatum regis castelle hispanie et aragonie anno 1494). La fecha es sorprendente porque la cronología oficial nos dice que no fue hasta 1498 que Colón pisó por vez primera el continente americano.

1514 Cornelius Aurelius America
La isla-continente América en el mapa de Aurelius.

¿De dónde viene entonces esta fecha de 1494? El investigador holandés C.P. Burguer, que fue el primero en estudiar en detalle y publicar un facsímil del mapa de Aurelius, se limitó a decir que no tenía explicación para ella. Más recientemente, en la obra Columbian Iconography, se ha aventurado que se tratase de un error de imprenta (“perhaps a misprint?”).

Lo del error de imprenta es una opción siempre socorrida para quitarse de encima datos que no encajan con la teoría general. En este caso, sin embargo, me parece poco creíble. Aurelius fue muy cuidadoso con los textos de su mapa; de hecho, corrigió un par de errores gramaticales de frases copiadas del mapa de Waldseemüller. No creo que dejase pasar un error de bulto como este.

Sería más productivo preguntarse qué fuentes pudieron conducir a Aurelius a tomar como cierto el dato de 1494. Porque resulta que no ha sido el único en dar ese año por bueno. Hace pocas décadas, el investigador español Juan Manzano publicó un libro titulado muy explícitamente Cristóbal Colón descubrió América del Sur en 1494. ¿Sabía Aurelius algo que nosotros ahora ignoramos?

 

Bibliografía consultada:

  • C.P. Burger Jr (1912), Een hollandsche wereldkaart.
  • C.P. Burger Jr (1916), De oudste Hollandsche wereldkaart. [digitalizado en Delpher Boeken; todas las imágenes del mapa de Aurelius en esta entrada provienen del facsímil contenido en esa monografía]
  • Johannes Keuning (1952), “XVIth Century Cartography in the Netherlands: (Mainly in the Northern Provinces)”, Imago Mundi, Vol. 9, pp. 35-60+62-63
  • Maria Teresa di Palma (1992), “Plate D-XVIII” in Gianni Eugenio Viola (ed.), Columbian Iconography, pp. 464-465.

Alessandro Zorzi’s sketch maps

En español más abajo

At the latest Map Afternoon of the Brussels Map Circle, I gave a talk on Alessandro Zorzi’s sketch maps. Readers of this blog may remember that I presented several of those maps in an entry last September. Now you will be able to see a more complete description of Zorzi’s work and maps, with high-resolution images from a recently published facsimile. Enjoy!

 

En el último Map Afternoon celebrado por el Brussels Map Circle, di una charla sobre los bosquejos cartográficos de Alexandro Zorzi. Los lectores de este blog quizás recuerden que presenté algunos de esos mapitas en una entrada publicada en septiembre pasado. Ahora podrán ver una descripción más completa de la obra y los mapas de Zorzi, con imágenes de alta resolución tomadas de un facsímil publicado recientemente. Que lo disfruten (eso sí, en inglés).

La revista Terrae Incognitae ahora con resúmenes en español

Terrae Incognitae es una de las principales revistas académicas dedicadas al tema de los descubrimientos geográficos y a la cartografía relacionada con ellos. La edita, en lengua inglesa, la Society for the History of Discoveries.

Hace años era posible enviar artículos para publicación a esta revista escritos en español o en francés. Por desgracia ahora ya no es el caso, al haberse reducido la diversidad lingüística del consejo editorial. Y sin embargo los artículos de esta revista tratan a menudo de exploradores españoles, de tierras hispanoamericanas o de mapas escritos en nuestro idioma. Por ello, hace unos meses le ofrecí a la editora de la revista el traducir al español los resúmenes de los artículos. Aceptaron, de modo que en el número que acaba de salir publicado se pueden leer los resúmenes en español (también en francés, gracias a la colaboración igualmente desinteresada de David Buisseret). Espero poder continuar esta tarea para facilitar el acceso de la comunidad hispanohablante a esta fuente de información sobre su propio pasado.

 

Artículos del volumen 49, número 1 (2017):

The Savant and the Engineer: Exploration Personnel in the Narbrough and Anson Voyage Accounts

El cuestionamiento reciente de la historia de las exploraciones incluye una reflexión sobre los términos “exploración” y “explorador.” Mientras que los estudiosos identifican al explorador como un fenómeno cultural del siglo XIX modelado en parte por el proceso de producción de libros y publicaciones periódicas, este artículo defiende que la discusión sobre quién estaba cualificado para enrolarse en expediciones de larga de distancia tiene unas raíces más antiguas. A través del estudio de dos relatos de viajes por los mares del sur se muestra cómo la publicación de relatos de viajes por el Pacífico cambió y dio lugar a dos tipos ideales de explorador.

Mapping the Middle Ground: Exploratory Surveying as Distributed Cognition

Los encuentros cartográficos, en los que el conocimiento geográfico poseído por los indígenas americanos fue traducido a formas que pudiesen ser comprendidas (o incomprendidas) por los euro-americanos, aportaron una contribución significativa a la exploración euro-americana de Norteamérica. El concepto de cognición distribuida ha sido usado para describir, por ejemplo, el pilotaje de embarcaciones o la operación del Telescopio Hubble. En este artículo se modela una campaña de exploración de las fuentes del río Mississippi realizada por David Thompson en 1798 como un caso efectivo de cognición distribuida que tradujo las representaciones internas de la geografía de la región a representaciones externas compatibles con la cartografía científica.

Charles Duncan, Cape Flattery, and the Strait of Juan de Fuca: A Voyage to the Waterway of Forgotten Dreams

En 1788 Charles Duncan confirmó la existencia del estrecho de Juan de Fuca y la noticia de este hecho fue publicado en 1790. Incluía la carta del estrecho y una extensa descripción basada en el testimonio oral indígena. Esta fue la primera vez que los europeos tuvieron información detallada sobre esta parte del mundo. Eran empresas comerciales, no expediciones oficiales, las que habían revelado estos secretos. Este artículo explora la aportación de Duncan y el conocimiento indígena que incorporó en su trabajo.

Mapping in Humboldt’s Shadow: Aaron Arrowsmith and the Cartography of Mexico, 1803–1825

Aunque Aaron Arrowsmith es considerado como uno de los principales cartógrafos de principios del siglo XIX, sus mapas de México han sido eclipsados por la obra Alexander von Humboldt. Arrowsmith produjo varios mapas de México. Uno publicado en 1803 y otro en 1810 en particular atrajeron el criticismo de Humboldt. Ambos mapas de Arrowsmith ejercieron una influencia considerable y se sitúan entre los mejores mapas de México disponibles en la primera parte del siglo XIX. El examen de estos mapas y de su relación con el de Humboldt revela mucho sobre las normas y métodos usados por los cartógrafos de principios del siglo XIX al compilar sus obras.

The Planisphere of Juan de la Cosa (1500): The First Padrón Real or the Last of Its Kind?

La carta dibujada por Juan de la Cosa en 1500 contiene una innovación importante que distingue a este planisferio de las otras cartas náuticas producidas durante esta época: el trazado del ecuador y el trópico de Cáncer. Esto es un signo de que pudieron incorporarse a la representación latitudes observadas astronómicamente. Para investigar dicha posibilidad en este artículo se presentan y discuten los resultados de un análisis cartométrico centrado en la representación de las costas de los océanos Atlántico e Índico, produciendo del análisis varias conclusiones importantes.

Desmontando la Leyenda Negra

Panfleto anti-español publicado en Londres en 1590, traducción de la obra francesa Coppie de L'Anti-Espagnol.
Panfleto anti-español publicado en Londres en 1590, traducción de la obra francesa Coppie de L’Anti-Espagnol.

Los españoles llevamos siglos avergonzados por nuestra historia. En Hispanoamérica se nos acusa nada menos que de haber llevado a cabo un genocidio de los indígenas, durante el descubrimiento y la conquista de América que tanto se tratan en este blog.  En los Países Bajos se pinta la sublevación nobiliaria contra Felipe II como una lucha por la libertad religiosa frente a la intransigencia de la Inquisición. En Inglaterra cantan sus victorias navales (y callan las derrotas) y las achacan a una supuesta superioridad tecnológica e intelectual sobre los atrasados sureños.

Todo eso no son más que patrañas, el fruto de la Leyenda Negra: una campaña de propaganda orquestada y atizada desde el siglo XVI por personajes como Guillermo de Orange o el magnate estadounidense de la prensa, W.R. Hearst.

Ya es hora de que nos sacudamos ese fardo de encima. De que podamos estudiar la historia de nuestro país, que para bien o para mal se solapó durante siglos con la historia del mundo, de manera objetiva, sin patrioterismos baratos pero sin complejos injustificados. De que se aclaren los hechos y se destierren las mentiras, las exageraciones y los insultos racistas.

Me alegra por ello ver que cada vez aparecen más publicaciones que ponen en solfa la Leyenda Negra. El programa de radio SER Historia le dedicó el mes pasado un monográfico al tema. El presentador, Nacho Ares, conversó con los autores de dos libros recientes e insertó extractos de entrevistas con varios historiadores. Lo que más me gustó fueron las declaraciones del catedrático francés Joseph Pérez, con las que les dejo por hoy:

Es un mito que ha tenido una larga vida y no sé si ha desaparecido totalmente. A nivel de la investigación histórica, sí; se puede decir que entre los científicos, los historiadores que han trabajado sobre la historia de España se puede decir que ahora rigurosamente nada de lo que constituyó la Leyenda Negra queda en pie. Todos estamos de acuerdo, sean españoles o extranjeros, en que la inmensa mayoría de las acusaciones que se hicieron contra España o son falsas o han sido exageradas o se trata de cosas que desgraciadamente no son particulares a España (…) La mayoría de lo que ha constituido la Leyenda Negra, efectivamente, se trata de una serie de acusaciones muchas veces falsas y otras veces o exageradas o que se podrían hacer de cualquier nación en cualquier época.

 

Los años enigmáticos de Amerigo Vespucci

En la biografía de Amerigo Vespucci hay una laguna de tres años, entre febrero de 1496 y mayo de 1499, en los que no se le menciona en ningún documento oficial ni privado. Durante esos años clave, un pequeño empresario florentino afincado en Sevilla, con escasa experiencia náutica, se transformó en explorador al servicio tanto de Castilla como de Portugal y en uno de los cosmógrafos más reputados de su tiempo. ¿Cómo fue posible? Hace siglos que los historiadores tratan de dar respuesta a esta pregunta.

La vida de Amerigo Vespucci hasta 1495 está bastante clara. Nacido en Florencia, a través de su tío adquirió una educación humanista y contactos en la élite de la ciudad. Su interés por los negocios le llevó a trasladarse en 1492 a Sevilla, donde pasó a trabajar para Juanoto Berardi, un empresario también florentino que estaba participando financieramente en las expediciones castellanas de expansión por el Atlántico, en dirección a las Canarias y las Antillas.

La pista de Vespucci se pierde, sin embargo, a finales de enero de 1496 en la localidad andaluza de Sanlúcar de Barrameda. Hasta allí había acudido Vespucci para acompañar una flotilla de cuatro carabelas que él y Berardi habían armado para la Corona a fin de llevar provisiones y pobladores a la Isla Española, donde la colonia establecida por Cristóbal Colón se encontraba en serios apuros. Dos de las naves tenían además la misión de explorar y buscar riquezas antes de volver. Las cuatro carabelas de Vespucci partieron el día 3 de febrero pero no llegaron a su destino. Sorprendidas por una tormenta, embarrancaron poco después en las costas gaditanas.

Itinerario de las cuatro carabelas de Vespucci, enero-febrero de 1496.
Itinerario de las cuatro carabelas de Vespucci, enero-febrero de 1496.

En este estudio, recién publicado, he reconstruido en detalle esta fallida expedición, incluyendo los nombres de gran parte de la tripulación y del pasaje, así como el cargamento transportado. Analizando los documentos originales conservados en el Archivo General de Indias, ha sido posible revelar también dos aspectos desconocidos sobre los días que pasó Vespucci en Sanlúcar. El primero es que el florentino contó en Sanlúcar con la inestimable ayuda de Antonio Torres, un “contino” (funcionario al servicio directo de los Reyes) que ya había capitaneado dos travesías de ida y vuelta a la Española. El otro es una línea de once palabras que faltaba en la transcripción publicada hasta ahora de un documento clave sobre Vespucci. Se trata de un apunte contable del 1 de febrero de 1496 que informa del pago en Sevilla a Jerónimo Rufaldi (socio de Vespucci y de Berardi) de cierta cantidad que Vespucci había reclamado por carta desde Sanlúcar. La línea hasta ahora inédita revela que en su carta Vespucci pidió expresamente que se entregase el dinero a Rufaldi para que este a continuación se lo enviase a él a Sanlúcar. La fecha y las circunstancias de este pago sugieren que Vespucci tenía previsto quedarse en tierra cuando partieran las carabelas, lo cual contradice una hipótesis formulada a mediados del siglo XX según la cual el florentino podría haberse embarcado en la flotilla con destino al Caribe para iniciar así su carrera descubridora.

La tercera línea de este párrafo faltaba en las transcripciones anteriores de documentos sobre Vespucci.
La tercera línea de este párrafo faltaba en las transcripciones anteriores de documentos sobre Vespucci.

Aclarada la estancia en Sanlúcar, mi objetivo ahora es determinar qué hizo Vespucci el resto del año 1496. Las mercancías rescatadas de las carabelas perdidas se cargaron en una nueva flotilla, que partió en junio de Cádiz para la Española. ¿Iba Vespucci a bordo? La respuesta, con un poco de suerte, el año que viene.

 

Referencia completa del estudio:

Luis A. Robles Macías. “Amerigo Vespucci en Sanlúcar de Barrameda en 1496”. Cartare, nº5, 2015, pp. 1-30.

Disponible gratis en la web del Ceconoca y en Academia.edu.

Arrojando luz sobre el descubrimiento de Norteamérica

Fragmento de la carta de Ayala relativo a las expediciones de Caboto.
Fragmento de la carta de Ayala de 1498 relativo a las expediciones de Caboto.

En 1497 el navegante italiano Giovanni Caboto (Juan Caboto para los españoles, John Cabot para los ingleses) regresó a Inglaterra con la noticia de haber descubierto costas de la actual Norteamérica y logró que el rey Enrique VII le encargase una nueva expedición a aquellas tierras. Caboto partió en 1498 al mando de cinco barcos, de los cuales uno sufrió graves daños por una tormenta y tuvo que refugiarse en Irlanda.

Estos datos los conocemos principalmente gracias a una carta cifrada que el diplomático Pedro de Ayala envió desde Londres a los reyes de Castilla y Aragón. La carta fue descubierta en el Archivo General de Simancas en 1860 por el investigador Gustav Bergenroth, que tuvo que lidiar con los recelos del archivero a que un extranjero accediera a secretos de la historia de España. Desde entonces la misiva de Ayala ha sido descifrada, transcrita y traducida a varias lenguas. Por desgracia la prematura muerte de Bergenroth y la complejidad del texto (en gran parte cifrado, en castellano antiguo y sin signos de puntuación) generaron numerosos errores de transcripción y de interpretación de su contenido, que a su vez confundieron la biografía de Caboto durante décadas.

Gracias a la digitalización cada vez más completa de los archivos estatales españoles, hace un par de años logré acceso a imágenes en alta resolución de la carta de Ayala y pude descifrarla por mi cuenta. El estudio resultante, con la transcripción revisada y comentada del texto, ha aparecido publicado hoy en la Revista de Indias. Espero que sirva para aclarar de una vez por todas algunos flecos pendientes de la historia, en particular: 1) que Caboto no llegó a Inglaterra en 1491 sino varios años más tarde; 2) que el religioso español fray Buil no participó en el viaje de Caboto; 3) que Ayala no envió ningún mapa con su carta, por lo cual Juan de la Cosa debió basarse en otra fuente para reflejar los descubrimientos ingleses en su mapamundi; y 4) que no hay nada en la carta de Ayala que sugiera que Caboto hubiese alcanzado Cuba en su viaje de 1497, como algún historiador anglosajón ha llegado a especular.

La brújula de estrellas

Reconstrucción moderna de la brújula estelar (autor: J. M. Malhao Pereira)
Reconstrucción moderna de una brújula estelar (autor: J. M. Malhao Pereira)

En 2003 un marino portugués llamado José Manuel Malhao Pereira hizo una presentación en un seminario sobre arqueología marina celebrado en la India. Antes de internet un documento así habría caído rápidamente en el olvido, accesible a lo sumo para un escasísimo número de investigadores. Afortunadamente hoy día todo el mundo puede encontrar el texto del capitán Pereira y leerlo cómodamente desde su casa, gracias a las instituciones que publican gratuitamente este tipo de documentos (en este caso el CHCUL portugués) y a los buscadores como Google que permiten encontrarlos.

El título de la ponencia es “La brújula estelar y el kamal: una interpretación de su uso práctico” (en el inglés del original: “The stellar compass and the kamal: an interpretation of its practical use”) y me ha entusiasmado porque, tras muchos años oyendo hablar de estas brújulas estelares, por fin he conseguido entender cómo se construían y cómo se usaban. El capitán Pereira no habla de oídas: ha construido este instrumento y otros y navegado con ellos por el océano Índico. Esta experiencia de primera mano, aunada a sus dotes didácticas, convierten en un placer la lectura de su trabajo.

Enlace a texto completo

 

El falso mito de la “política de sigilo” portuguesa

Monumento de los Descubrimientos en Lisboa
Monumento de los Descubrimientos en Lisboa. Foto: Joaquim Alves Gaspar

Muchos textos sobre la historia de los Descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI hablan de la “política de sigilo” portuguesa como si fuera un hecho histórico comprobado. Afirman así que los gobernantes portugueses de esta época habrían impuesto la norma de ocultar todo nuevo descubrimiento geográfico, prohibiendo la difusión de mapas, rotarios, crónicas y diarios de viaje; lo cual explicaría que se conserven actualmente relativamente pocos documentos portugueses de esta época.

Hoy he tenido el placer de leer un excelente artículo que refuta esta teoría, además de explicar detalladamente cuándo surgió y por qué.  Se titula “Colombo e a política de sigilo na historiografia portuguesa“, lo escribió Francisco Contente Domingues en 1990 y apareció reimpreso en la serie Separatas Verdes (nº232) en 1992. Cuenta Domingues que el primero en aventurar la hipótesis del secreto de Estado fue el cardenal Saraiva en 1841, si bien la formuló con mucha prudencia y dejando abierta la posibilidad de que hubiera otras explicaciones para la escasez documental. El que verdaderamente promovió con fuerza la teoría  del “sigilo” oficial fue Jaime Cortesão, quien a partir de 1924 la adoptó como sistema explicativo esencial de la historia de los Descubrimientos portugueses. Le venía bien porque así podía llenar lagunas documentales, por ejemplo el lapso de tiempo entre las expediciones de Bartolomeu Dias (1488) y Vasco de Gama (1497),  con supuestos viajes secretos. Cuando alguien pedía documentos que probasen estas fantasiosas expediciones la respuesta de Cortesão era que no quedaba rastro debido a la “política de sigilo”.

La teoría del sigilo encontró detractores, entre los cuales Domingues destaca a Damião Peres. En 1939 este autor dio cinco argumentos que echaban por tierra la teoría de Cortesao:

  1. Para reivindicar la soberanía sobre una tierra nueva era importante demostrar que se había sido el primero en explorarla u ocuparla. No tiene por ello mucho sentido estratégico el ocultar descubrimientos.
  2. La bula de Nicolás V de 1455 reconocía explícitamente a Portugal la posesión de sus descubrimientos.
  3. Hubo extranjeros en Portugal que divulgaron en el exterior conocimientos geográficos, por ejemplo Martin Behaim.
  4. Las crónicas portuguesas de la época dan pocos detalles geográficos pero no es porque fueran secretos sino porque interesaban más otros temas como por ejemplo la honra de tal o cual personaje.
  5. Sí se conocen algunas restricciones relativas a la difusión de ciertos textos, por ejemplo manuales de uso del astrolabio, pero siempre se trataba de casos puntuales limitados a cierta información concreta.

A esto añade Domingues que en épocas recientes han ido apareciendo más fuentes documentales de aquella época, lo cual desmiente la escasez que se constataba hace un siglo. Y afirma también que se conocen algunos casos en los que los reyes de Portugal dieron amplia publicidad a los resultados de algunos de sus viajes.

En definitiva, la “política de sigilo” es hoy en uno de esos falsos mitos que tanto abundan sobre la época de los Descubrimientos, como por ejemplo que la reina Isabel empeñase sus joyas para financiar el primer viaje de Colón o que el Almirante muriese en la ruina. Me pregunto cuánto tiempo se tardará en ir eliminándola de libros de texto y obras de divulgación.

Apianus: “Vespucio descubrió América en 1497”

América, que agora se dize quarta parte del mundo tomo nombre de Americo Vespucio inventor della, y casi se podria llamar isla, por que la mar rodea casi por todas partes. Fue incognita a Ptolomeo y alos autores antiguos. Por estar muy apartada, hallose el año 1497 por mandamiento del Rey de España, y por ser tan gran tierra la llaman el nuevo orbe o mundo.

Así comienza el capítulo cuarto de la segunda parte del Libro de la Cosmographia de 1548, traducción al castellano del Cosmographicus Liber del alemán Petrus Apianus, publicado por primera vez en 1524 y disponible ahora íntegramente en Google Libros. En él se hacen dos afirmaciones que chocan al lector actual: que América se halló en 1497 y que fue Vespucio su “inventor”, es decir, su descubridor.

Estos datos los debió tomar Apianus de un libro publicado en 1507 por Mathias Ringmann y otros autores así como del mapamundi que acompañaba a esta obra, el conocido mapa de Waldseemüller. Apianus ya había publicado una imitación del mapa de Waldseemüller en 1520, bajo el título Tipus Orbis Universalis.

Tipus Orbis Universalis, por Petrus Apianus, 1520
Tipus Orbis Universalis, por Petrus Apianus, 1520. Imagen cortesía de Wikimedia Commons

Hasta que apareció el mapa de Waldseemüller en 1901, este mapa de Apianus de 1520 fue considerado el más antiguo en el que aparecía la palabra América.

Tipus Orbis Universales, por Petrus Apianus, 1520; detalle: América
Fragmento del mapa anterior. Imagen cortesía de Wikimedia Commons

Pero, más que con su mapa,  fue con su libro sobre cosmografía con el que Apianus popularizó el nombre de América para el Nuevo Mundo, y de paso la idea de que Vespucio la descubrió en 1497. El Cosmographicus Liber se imprimió en 21 ediciones en latín y se tradujo a otras lenguas europeas, como el francés, castellano, y flamenco. Además en 1529 apareció una versión reducida del Liber, titulada Cosmographiae Introductio, menos extensa y por tanto más barata y popular, de la que se hicieron otras 12 ediciones hasta 1554 (también disponible en Google Libros).

En 1543 Nicolás Copérnico, en su famosa obra De revolutionibus orbium celestum, escribió que América se llamaba así en honor a su descubridor: “America ab inventore denominata navium praefecto”. Ignoraba los viajes de Colón, los hermanos Pinzón, Juan de la Cosa y compañía. Recientemente se ha especulado que Copérnico pudo tomar esta información directamente del mapa de Waldseemüller. En mi opinión es más probable que se basase en alguno de los libros de Petrus Apianus, cuya difusión fue mucho mayor que la de las obras de Waldseemüller y Ringmann.

Cuadernos Colombinos

Entre 1971 y 1999 la Casa-Museo Colón de Valladolid publicó una serie de 23 monografías titulada “Cuadernos Colombinos”, que son esenciales para la comprensión de la historia del Descubrimiento de América. Por desgracia, estos Cuadernos son relativamente difíciles de encontrar incluso en bibliotecas especializadas. Por ejemplo, en la Bibliothèque Nationale de France sólo disponen de 13 números de la colección, es decir, poco más de la mitad.

Hasta ahora ni siquiera existía en internet una lista completa de los Cuadernos publicados. Para solventar al menos esa carencia, he subido a Scribd una tabla que indica el título, autor, año y extensión de todos y cada uno de los Cuadernos Colombinos. Espero que esto sea de ayuda para los investigadores en busca de bibliografía.

Menciono esta publicación en este blog porque tres de los Cuadernos tratan temas cartográficos. Son los siguientes: El enigma de las latitudes de Colón (Rolando Laguarda Trías, 1974, nº4), La ciencia española en el Descubrimiento de América. Las tablas de coordenadas geográficas compiladas en la España Medieval (Rolando Laguarda Trías, 1990, nº16) y La legua y la milla de Colón (Adam Szaszdi Nagy, 1991, nº17).