Una noche de 1493 en el convento de Santa Clara en Moguer

Esta semana he tenido el gusto de visitar el convento de Santa Clara, en Moguer (provincia de Huelva, España). Aparte de su riqueza arquitectónica y artística, este monumento tiene gran valor histórico por su relación con el Descubrimiento de América, y más concretamente con el viaje de Cristóbal Colón de 1492-1493.

En 1492 era abadesa del convento Inés Enríquez, una mujer de la alta nobleza castellana que era tía del rey Fernando el Católico. La abadesa intercambió cartas con Cristóbal Colón y parece haber intercedido por el futuro almirante ante el monarca.

Las monjas nobles del convento se reunían en el coro, sentadas en una sillería de estilo nazarí, es decir, realizada por artesanos del emirato de Granada, que hoy es única en el mundo. La decoración de la sillería incluye columnas y cabezas de león que recuerdan a la Alhambra así como inscripciones en árabe. Sobre la madera se pintaron escudos nobiliarios y los monogramas griegos IHS (Jesús) y XPS (Cristo).

La carabela Niña, una de las tres participantes en el famoso viaje, pertenecía a una familia de Moguer, los Niño. Tras el naufragio de la nave capitana, Colón pasó a la Niña y en ella realizó la travesía de regreso a España. Durante una fuerte tempestad, los tripulantes hicieron una serie de promesas religiosas de peregrinación (el llamado “voto colombino“), que incluían el convento de Santa Clara.

El 16 de marzo de 1493, tras regresar a Moguer, los tripulantes de la Niña acudieron a pasar la noche en vela en la iglesia del convento. Entre ellos se contaban Cristóbal Colón y marinos míticos como Vicente Yáñez Pinzón, Peralonso Niño o Juan de la Cosa. No sabemos a qué se dedicarían exactamente durante aquella noche. Como la religiosidad del siglo XV era de mucho rito externo y poco misticismo, muy diferente de la de siglos posteriores, y que los marinos no solían ser gente caracterizada por su piedad, yo apostaría a que se dedicaron sobre todo a descansar, conversar y sentirse felices por estar vivos.

También contemplarían la decoración de la iglesia, la cual no era de ladrillo visto como ahora sino que estaba enfoscada y cubierta de frescos. Uno de los frescos quizá les llamase la atención: un San Cristóbal llevando al niño Jesús. Quizás, solo quizás, Colón comentase algo sobre aquel santo del que él llevaba el nombre; quizás Juan de la Cosa tomase buena nota. Sea como fuere, en 1500 De la Cosa dibujó un San Cristóbal en un lugar clave de su famoso mapamundi, en la región donde podía o no existir un paso marítimo hacia Asia. Si este dibujo de De la Cosa tuvo su origen en aquella noche de 1493, no creo que nunca lo sepamos.

 

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